Semillas de Marihuana en la Web

El uso recreativo de la marihuana está dejando de ser marginal. En dos estados de los EE UU se ha aprobado su despenalización y Uruguay quiere legalizarla en 2013. ¿Es esa una tendencia en el mundo?

MARIHUANA: ¿POR QUÉ NO LEGAL?

Es reconocido su poder como vieja conspiradora de los paraísos artificiales. Reina del Índico, hacedora de apetitos y nubes mentales, creadora de la euforia, deformadora del espacio y el tiempo, tejedora de ansiedades y, en ocasiones, puerta de embarque a los trastornos psiquiátricos. Vasodilatadora. Analgésica. Olvidadiza. Inspiradora. Excitante o alucinógena. O, sencillamente, marihuana.

marihuana 275x300 Semillas de Marihuana en la WebTiene las propiedades de un árbol edénico, ya que en ella se conjugan, como en ninguna otra planta, la alquímica potencia del bien y del mal. Humo, hálito, infusión, embriaguez, hilaridad… Sensual declive de la voluntad. Hábito e indolencia… Un caso único en la botánica por el amor y rechazo que despliega.

La reciente despenalización de su consumo recreativo en los estados de Washington y Colorado (EE UU) y el proyecto de Uruguay de legalización integral bajo monopolio del Estado, previsto para 2013, solo le han devuelto su facultad para fragmentar el consenso social. Como en tiempos de los sultanes turcos, la pregunta es la misma ante los potenciales riesgos: ¿debemos prohibir o normalizar el uso del cannabis?

La Marihuana: Procedencia e historia

Sus efectos están descritos desde la arcana medicina china, hace 50 siglos. Presente en los cinco continentes, los primeros humanos que cruzaron el estrecho de Bering rumbo a América pudieron haber transportado la semilla, vinculada a ritos chamánicos y originaria del Himalaya. Otros historiadores acusan a Colón de ser el primero, pues el cáñamo, además de alimento, era el origen textil de las velas y cuerdas, y los conquistares debían asegurarse el repuesto.

Su resina fue el ungüento que otorgaba valentía a las sectas de kamikazes de los hashashin, en el Irán de la Edad Media (el término ‘asesino’ se cree que deriva de este vocablo árabe y que significa ‘los que consumen el hachís’). Objeto de culto de los poetas franceses del XIX o pretexto para guerras imperiales europeas, la declaración de independencia de Estados Unidos acabó escrita en papel de cáñamo. Fue la mota (como se la conoce en México) de negros jazzistas y de mexicanos. Símbolo de la paz hippie o pingüe negocio para los brutales cárteles de la droga.

«Ha acompañado la epopeya del nuevo mundo. Merece más respeto y conocimiento », ha dicho recientemente el presidente de Uruguay, José Mújica, firme defensor de la legalización, y que a sus 77 años afirma no haber fumado nunca un porro.

Incluso en la estatua de Colón de Barcelona hay quien ve esculpido su símbolo, como si la hierba por antonomasia, capaz de apropiarse del sustantivo que define a todas las hierbas, reclamara la cualidad colonizadora propia de hombres y ratas.

«El consumo del cannabis se prohíbe a partir de la eclosión de su consumo recreativo en los años 30 en Europa y los Estados Unidos, pero no por su toxicidad, ya que tiene menos efectos tóxicos que el alcohol, y su dependencia es suave; hay que entender su prohibición en un contexto político y comercial, la guerra de los magnates del tabaco y alcohol, y que estaba asociada a clases pobres o de otras razas», explica Manuel Guzmán, catedrático en Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, y uno de los investigadores con más prestigio sobre el uso terapéutico de la composición química del cannabis a partir de la sustancia conocida como tetrahidrocannabinol (THC). Sus investigaciones se centran en que nuestro cerebro produce una química muy parecida al THC llamada endocannabinoides.

El debate, lejos de estar cerrado, aumenta bajo el renovado impulso de la población. Incluso en el Plan Nacional de Drogas español, que considera un error su regularización y acusa al «mercantilismo de determinados lobbies», admiten que éste tenía que eclosionar. Como si el tiempo hubiera propiciado un estallido al modo de la irrefrenable hilaridad de la droga, con un torbellino de datos, estudios, lemas, argumentos, intereses y miedos.

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El mundo tiene ganas de Marihuana

«Parece que el mundo siente un fuerte apetito por el cannabis», concluye un informe del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías. «Lo que está cambiando es que la opinión pública es más tolerante con esta sustancia y va por delante de la legislación», añade Guzmán.

Dos estados de los EE UU ya han aprobado por mayoría (55%) el referéndum de legalización para uso recreativo (el uso medicinal y bajo receta es legal en 17 de ellos), por lo que para 2014 debería permitirse la producción, distribución y venta en Washington y Colorado, una normativa que será de difícil aplicación ya que choca con la legislación federal, que continúa considerando el cannabis una sustancia ilícita y peligrosa, al mismo nivel que el LSD o la heroína. «Ninguna legislación estatal puede oponerse a una ley federal», se ha apresurado a decir el Departamento de Justicia. Lo que no ha impedido una marea política en Latinoamérica, especialmente en México, uno de los principales socios de EE UU en la lucha contra las drogas, y el que se cobra más víctimas; ríos de sangre son financiados con los beneficios de la cocaína y la marihuana.

«Representa un cambio de paradigma», ha dicho el ex presidente mexicano Felipe Calderón. Incluso la ONU ha recordado a EE UU que debe cumplir los acuerdos internacionales. «El cannabis es una sustancia que puede tener duros efectos en la salud y se emplaza a los gobiernos a un firme control sobre esta sustancia concluyó la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961.

Por el momento en esos dos estados la democracia directa ya ha convertido en legal la tenencia de 28 gramos para los mayores de 21 años, y el cultivo privado de seis plantas. «Un hito histórico», a juicio de los abolicionistas.

La Marihuana como abstracción y relajación

La consumen para abstraerse, flotar, enturbiarse o iluminarse, relajarse, relacionarse o aislarse, el humano aspirando a la dicotomía, el placer y la turbación. Es el hombre al cubo, según lo definía el poeta Baudelaire. La marihuana crece en las complejas decisiones de la conciencia en esa fangosa búsqueda de la felicidad. Y décadas de prohibición no parecen haber mitigado su poder de atracción. La ONU calcula que es consumida por el 5% de la población mundial, entre 116 y 220 millones, datos que reconocen difíciles de estimar, especialmente por el creciente fenómeno del autocultivo privado, cuyo mercado derivado genera millonarios beneficios en la UE en cuanto a abastecimiento de logística y semillas. Su consumo no tiene parangón con el de cualquier otra droga ilícita, siendo Oceanía y Norteamérica las áreas con mayor influencia.

Holanda es el único país que permite legalmente su venta a pequeña escala, una legislación que no ha acabado de satisfacer a nadie, especialmente por el fenómeno del turismo cannábico. El tráfico sigue siendo ilegal en ese país, lo que crea un sistema de doble filo entre lo vendido y el lugar de donde procede. Mercado negro y legalidad mantienen una paradójica relación.

En el debate global se intercambia el fuego cruzado de los derechos civiles, el peligro para la salud pública, el uso medicinal, en lo que ha venido a llamarse consumo compasivo, y hasta toca lo religioso como en el caso de los rastafaris (rito que provenía de la antigua iglesia etíope que incluyó el cannabis como sacramento).

«La legalización implicaría un mayor consumo asociado, sabemos que las drogas más consumidas por la población son las legales. Están constatados sus peligros, como demuestra que es la primera causa de ingreso en urgencias por brote psicótico entre los jóvenes», explica Francisco de Asís Babín, delegado del Plan Nacional de Drogas. «No es momento de bajar la guardia. En los últimos seis años hemos reducido su consumo y aumentado la percepción de riesgo», añade.

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Marihuana en España

España tiene uno de los mayores consumos de la UE, solo por debajo de Italia y República Checa. Alrededor de un 10,6% de la población toma cannabis, y el 32% afirma haberlo probado, según el Observatorio Europeo de las Drogas. Entre los jóvenes (23%) solo nos situamos por debajo de Canadá. Es además el terreno de una singular experimentación que llama la atención internacional. En algunos sectores lo denominan «el modelo español». Tam, tam. Señales de humo en el frente de España.

El proyecto de Rasquera, por el que el alcalde de este municipio catalán planteó en referéndum un plan anticrisis mediante el cultivo masivo de marihuana, destapó un movimiento civil que ha decidido plantar batalla con una alternativa inusitada y arriesgada, cimentada en los límites de lo legal.

Se trata de los clubes sociales de cannabis. Son asociaciones de autoconsumo que se amparan en la jurisprudencia del Tribunal Supremo y en los huecos de una legislación que penaliza el tráfico pero no el consumo privado y colectivo. Siguen la estela de asociaciones pioneras como la Ramón Santos para Estudios sobre el Cannabis, que ya en 1994 decidió forzar el debate político al indicarles a las autoridades dónde se hallaba su primer cultivo colectivo. En aquella ocasión fueron condenados en firme por el Supremo.

Se da la circunstancia de que en España hasta tres generaciones (los nacidos entre 1945 y 1999) son consumidores regulares de cannabis, un estrato de la sociedad que no distingue clases sociales, estudios u ocupación, según un informe de Proyecto Hombre. Es el cultivo del que se nutren estos clubes, de los que estima la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC) que podría haber centenares activos, especialmente en Cataluña (alrededor de 200) y en Euskadi (medio centenar). Hay asociaciones que tienen inscritos miles de socios, lo que no ha impedido que hayan aparecido algunas con aspiraciones más mercantilistas que sociales.

La FAC está asesorando al Gobierno de Uruguay en un sistema de implantación de estos clubes en el país y participa en numerosos encuentros internacionales. Su modelo se está extendiendo en los países europeos con una legislación análoga, como Bélgica o Alemania, y ya ha sido aprobada su regularización por unanimidad en el Parlamento Vasco y está en consultas en el catalán.

«Es un fenómeno social. Soy optimista. Vamos a favor de la historia, ganando en la lucha de ideas», asegura el portavoz de la FAC, Martín Barriuso, que defiende un modelo exclusivamente social del consumo del cannabis. Este histórico antiprohibicionista ya ha sido imputado cuatro veces, pero los jueces suelen archivar las causas abiertas contra estos clubes. «Solo queremos seguridad jurídica, luz y taquígrafos», explica.

Se trata de asociaciones que abogan por una regulación negociada con la Administración, con garantías legales y fiscales, sin ánimo de lucro, y reduciendo los riesgos asociados al consumo en el mercado negro. Saben que no es una sustancia inocua, por lo que piden una normativa que garantice su uso controlado, lo que a su juicio impediría que los menores se abastecieran tan fácilmente en el mercado negro.

Se amparan ideológicamente en la Coalición Europea para Políticas de Drogas Justas y Eficaces, que afirma que la prohibición de las drogas ha causado más daños que soluciones. Su modelo se basa en un circuito cerrado de socios, adultos que ya eran previamente consumidores y que unen esfuerzos para disponer de los cultivos.

En la Asociación Cannábica La Maca, situada en el barrio de Sants de Barcelona, la mañana del lunes atrae a un irregular devenir de socios, ya que cuenta con 630. Algunos preparan sus porros, otros se abastecen para su consumo semanal. Un pequeño mostrador y las bolsitas de marihuana; lo ilícito adquiere aquí cuerpo de normalidad, y los socios celebran poder acceder a una sustancia no adulterada y alejada de ambientes que no consideran propios.

«Me niego a pensar que nosotros y las administraciones juguemos en bandos distintos. Este es un cambio importante para la sociedad, y por ello en esta transición nadie debe ganar dinero», alega su presidente, José Afuera, quien es consciente de que este va ser un proceso largo y delicado y pide «paciencia».

Según datos de la propia FAC, «estimados a la baja», la UE podría ganar más de 8.400 millones de euros anuales mediante la fiscalización. Otros estudios afirman que el estado español podría obtener 177 millones. Reclaman un compromiso de los actores sociales y políticos para arrancarle este negocio a los narcotraficantes y resarcir lo que consideran una injusticia histórica.

La Marihuana viene del Rif marroquí

Unos narcotraficantes que se nutren, en el mercado europeo, del Rif marroquí. En Assilah, un pequeño pueblo amazigh (bereber) enclavado en las montañas prohibidas de Ketama, las plantaciones se multiplican fraguando libertinos oleajes de aromas eléctricos. Ancianas cubiertas por coloridos pañuelos cargan enormes fardos de marihuana en su espalda. El silencio y el control oscurecen el valle con la sombra de las mafias. «La presión es grande, y el dinero de esto se lo llevan otros», alega Amin, un joven agricultor. «Por qué debemos pagarlo. Ser ketamíe es el estigma del hachís. No nos dejan hacer otra cosa», alega con los ojos ensangrentados mientras da una calada a un canuto del potente hachís que ha fabricado con sus curtidas manos.

La planta que colonizó la guerra, el léxico, el arte, el comercio, y la paz, quiere colonizar las leyes. Obcecada en plantearnos las misma dudas que Baudelaire propuso en Los paraísos artificiales hace más de un siglo: «¿Qué se siente? ¿Qué se ve? Cosas maravillosas, ¿no es cierto? ¿Espectáculos extraordinarios? ¿Es muy bonito? ¿Y muy terrible? ¿Y muy peligroso?».

Los principales países exportadores de cannabis son Marruecos y Afganistán. Producen el hachís del que se abastece toda Europa, una sustancia extraída de la resina de los cogollos de la planta. Según los datos que baraja la ONU, Marruecos podría ser el país con más hectáreas cultivadas, con 47.400, seguido de Afganistán (24.000) y México (16.500, estimaciones de EE UU que el gobierno mexicano niega). Desde 2010 parece que Afganistán se está convirtiendo en el mayor exportador, ya que extrae una mayor cantidad de resina de sus cultivos, y goza de una tasa de crecimiento superior.

El cultivo del cannabis ya ha llegado a ser más rentable que el de la adormidera de la que se extrae el opio. Los agricultores podrían sacar 9.000 euros anuales, cifra superior a lo que obtenían con la adormidera (4.000 euros). En Europa es Ucrania el que podría tener más plantaciones, con 900 hectáreas. La producción de hachís se concentra en el Norte de África, Cercano y Medio Oriente, y Asia del Sudoeste. El resto es territorio de la hierba. El mercado negro mueve billones de dólares anuales, y los españoles podríamos gastarnos unos 1.163 millones de euros, según algunos informes.

Vídeo de la historia de la Marihuana
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